Nombre: Ricardo Correa
Fecha: 09/06/2021
Son
muchos los aprendizajes que me ha dejado la clase de Psicoterapia III, si bien
no es tanto lo que aprendí hacer, sino mas bien lo que aprendí a no
hacer. Estas memorias son un punto de vista de un profesional de salud
mental y tienen como objetivo dar a conocer algunos pensamientos que me
atravesaron a lo largo de estas semanas de clases.
Una
expectativa por esta materia inició antes del nuestro primer encuentro pues un
mensaje de audio nos comunicaba que el maestro que tendríamos seria de España,
ante eso tuve el pre juicio de pensar que la educación estaba “más adelantada”
en Europa y que el maestro nos deslumbraría con su sapiencia, pensamiento del
cual me retractaría días después.
La
clase se inicia de manera amena. Luego de un par de semanas de vacaciones observo
de nuevo a mis colegas en sus respectivos ordenadores, imaginándome una vez más
como serán sus cuerpos, todas y todos a la expectativa de que puede pasar en
clases , el maestro se presenta de manera amena y nos pide que lo llamemos Luis
para acortar distancias entre alumno y profesor, también nos pide que nos
presentemos y hagamos un compromiso, a lo cual no estuve en desacuerdo pues el
inconsciente no admite compromisos de ningún tipo y si bien suena bonito que se
comprometan mis colegas a no divulgar lo sucedido en clases, a los minutos
empezaban los chats y los memes para comentar o reírse de cualquier situación
sucedida o mencionada en clases, lo cual daba a conocer que el compromiso se
fue por el caño.
¿De
donde surgió esta idea del compromiso? ¿Acaso porque una persona nos dice que
esta bien significa que está bien? ¿Acaso porque una persona se comprometa
significa que está comprometido? Está
actividad como algunas otras se dieron para satisfacer la necesidad del
maestro, y me parecieron una pérdida de energía y tiempo.
No
todo fue malo, en ciertas ocasiones sentí que mediante los ejercicios de
respiración y meditación realmente me conectaba con partes íntimas mías y que
despojaba de las cosas malas de mi mente, pero esto se daba en rarísimas
ocasiones, la mayor parte de tiempo la pasé mal y si no hubiese sido por el
bendito alcohol no hubiese encontrado la manera de continuar sentado frente a
la pantalla. Me llamaba la atención que ciertos compañeros se sentían muy bien
y estaban muy agradecidos por las clases impartidas, así que tampoco voy a
generalizar en que mis sentimientos de desagrado eran compartidos por el resto
del grupo de estudiantes.
Algunas
de las cuestiones que me hicieron perder el interés en la clases son: 1) La
falta de preparación de los temas a exponer, era ocasional escuchar al profesor
decir “esto no lo sé” “esto no sé porque está ahí” o que opináis sobre esto o
aquello, si bien podría pensar en una filosofía socrática del “yo solo sé que
nada se”, en este caso era diferente
porque el maestro estaba seguro que mediante la meditación se lograría vencer
ciertas parafilias sobre las que no tenía ninguna experiencia clínica, entonces
pensé que más bien manejaba en una
filosofía del lado de la escuela del cinismo, sin decir que una sea mejor que
la otra claro está. 2) Las diapositivas mal hechas, el maestro nos criticaba por leer en nuestras
diapositivas o lanzaba juicios como “de seguro no preparaste tu exposición” mientras
él se presenta con diapositivas que podría considerar entre las peores que
visto en docentes universitarios y buscaba en el maldito internet las palabras
para intentar explicarla en ese momento 3) La tercera cuestión recoge algunas
preguntas para a las cuales solo Dios puede dar respuesta como son; ¿Por qué
presentarse para llevar a cabo una clase de maestría si no se manejan los temas
a tratar o no se tiene tiempo para ello? ¿Es acaso una necesidad económica? ¿Por
qué prestarse para dar clases en la madrugada cuando el resto de seres humanos
descansan? ¿Por qué asumir esta responsabilidad? ¿Por qué hay desagrado en la
cara de una persona que tanto práctica la meditación?
En
los cortos momentos en los que me sentaba a escuchar las clases magistrales
lograba rescatar ciertas perlas (frases con mucha valía) ya sean del profesor o
de otros compañeros de clase, el
encontrar esas perlas fue algo complicado, pues la mayor parte del tiempo eran
bofetadas en la cara las clases, entonces empezaba a molestar a mis colegas en los
diferentes chats grupales, si bien me decía que no, que no debo hacer eso de
molestar, creedme que la sensación de aburrimiento era tal que si no hacía de
payaso me hubiese quedado dormido en la silla en la que recibía clases. También
al ver las caras de compañeros y compañeras en la pantalla, me hacia historias
imaginarias sobre ellos o ellas, me enamoraba y me enojaba por situaciones
ficticias, también al ver al profesor me preguntaba si así serian los españoles
que llegaron a América. Luego me levantaba para dar una caminata y cuando
regresaba veía que todos estaban en una meditación profunda, para estas últimas
clases había perdido la esperanza de aprender algo, así que copie la técnica de
un colega que dejaba poniendo un fondo de pantalla y se iba hacer cualquier
otra cosa. En la última clase dejé una fotografía de fondo de pantalla, tomé
una gran bocanada de cerveza con jugo de naranja, levanté una mano al cielo, la
otra a apunté a la tierra y me fui dando vueltas como un derviche en trance, así
terminaron para mi las clases de psicoterapia III, actualmente lucho con el
pensamiento de retirarme de esta maestría.
Si
bien estos acontecimientos ahora pueden ser leídos como algo desagradable no
dudo en que lo escuchado o las enseñanzas dadas pueden tener efectos
posteriores y procesos de cambios psíquicos en mi vida, así mismo y si bien
estas clases virtuales por lo general me parecen muy desagradables, probablemente
si regresamos a las clases presenciales extrañare la virtualidad. Nada esta
dicho y el futuro siempre me sorprende con algún sin sentido, podría incluso
convertirme en un maestro de Yoga o reencarnar en una familia de Yoguis, aunque
por el momento lo mas cercano a mi realidad seria unirme a la banda de los
choneros.
Finalmente agradezco esta tarea final de las
memorias de la clase que me ha permitido una suerte de catarsis, al expresar
emociones reprimidas a lo largo de estas semanas de clases.
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