Thursday, July 1, 2021

Memoria de la clase Psicoterapia III

 

Nombre: Ricardo Correa

Fecha: 09/06/2021

 


Son muchos los aprendizajes que me ha dejado la clase de Psicoterapia III, si bien no es tanto lo que aprendí hacer, sino mas bien lo que aprendí a no hacer. Estas memorias son un punto de vista de un profesional de salud mental y tienen como objetivo dar a conocer algunos pensamientos que me atravesaron a lo largo de estas semanas de clases.

Una expectativa por esta materia inició antes del nuestro primer encuentro pues un mensaje de audio nos comunicaba que el maestro que tendríamos seria de España, ante eso tuve el pre juicio de pensar que la educación estaba “más adelantada” en Europa y que el maestro nos deslumbraría con su sapiencia, pensamiento del cual me retractaría días después.

La clase se inicia de manera amena. Luego de un par de semanas de vacaciones observo de nuevo a mis colegas en sus respectivos ordenadores, imaginándome una vez más como serán sus cuerpos, todas y todos a la expectativa de que puede pasar en clases , el maestro se presenta de manera amena y nos pide que lo llamemos Luis para acortar distancias entre alumno y profesor, también nos pide que nos presentemos y hagamos un compromiso, a lo cual no estuve en desacuerdo pues el inconsciente no admite compromisos de ningún tipo y si bien suena bonito que se comprometan mis colegas a no divulgar lo sucedido en clases, a los minutos empezaban los chats y los memes para comentar o reírse de cualquier situación sucedida o mencionada en clases, lo cual daba a conocer que el compromiso se fue por el caño.

¿De donde surgió esta idea del compromiso? ¿Acaso porque una persona nos dice que esta bien significa que está bien? ¿Acaso porque una persona se comprometa significa que está comprometido?  Está actividad como algunas otras se dieron para satisfacer la necesidad del maestro, y me parecieron una pérdida de energía y tiempo.

No todo fue malo, en ciertas ocasiones sentí que mediante los ejercicios de respiración y meditación realmente me conectaba con partes íntimas mías y que despojaba de las cosas malas de mi mente, pero esto se daba en rarísimas ocasiones, la mayor parte de tiempo la pasé mal y si no hubiese sido por el bendito alcohol no hubiese encontrado la manera de continuar sentado frente a la pantalla. Me llamaba la atención que ciertos compañeros se sentían muy bien y estaban muy agradecidos por las clases impartidas, así que tampoco voy a generalizar en que mis sentimientos de desagrado eran compartidos por el resto del grupo de estudiantes.  

Algunas de las cuestiones que me hicieron perder el interés en la clases son: 1) La falta de preparación de los temas a exponer, era ocasional escuchar al profesor decir “esto no lo sé” “esto no sé porque está ahí” o que opináis sobre esto o aquello, si bien podría pensar en una filosofía socrática del “yo solo sé que nada se”,  en este caso era diferente porque el maestro estaba seguro que mediante la meditación se lograría vencer ciertas parafilias sobre las que no tenía ninguna experiencia clínica, entonces pensé que más bien manejaba  en una filosofía del lado de la escuela del cinismo, sin decir que una sea mejor que la otra claro está. 2) Las diapositivas mal hechas,  el maestro nos criticaba por leer en nuestras diapositivas o lanzaba juicios como “de seguro no preparaste tu exposición” mientras él se presenta con diapositivas que podría considerar entre las peores que visto en docentes universitarios y buscaba en el maldito internet las palabras para intentar explicarla en ese momento 3) La tercera cuestión recoge algunas preguntas para a las cuales solo Dios puede dar respuesta como son; ¿Por qué presentarse para llevar a cabo una clase de maestría si no se manejan los temas a tratar o no se tiene tiempo para ello? ¿Es acaso una necesidad económica? ¿Por qué prestarse para dar clases en la madrugada cuando el resto de seres humanos descansan? ¿Por qué asumir esta responsabilidad? ¿Por qué hay desagrado en la cara de una persona que tanto práctica la meditación?   

En los cortos momentos en los que me sentaba a escuchar las clases magistrales lograba rescatar ciertas perlas (frases con mucha valía) ya sean del profesor o de otros compañeros de clase,  el encontrar esas perlas fue algo complicado, pues la mayor parte del tiempo eran bofetadas en la cara las clases, entonces empezaba a molestar a mis colegas en los diferentes chats grupales, si bien me decía que no, que no debo hacer eso de molestar, creedme que la sensación de aburrimiento era tal que si no hacía de payaso me hubiese quedado dormido en la silla en la que recibía clases. También al ver las caras de compañeros y compañeras en la pantalla, me hacia historias imaginarias sobre ellos o ellas, me enamoraba y me enojaba por situaciones ficticias, también al ver al profesor me preguntaba si así serian los españoles que llegaron a América. Luego me levantaba para dar una caminata y cuando regresaba veía que todos estaban en una meditación profunda, para estas últimas clases había perdido la esperanza de aprender algo, así que copie la técnica de un colega que dejaba poniendo un fondo de pantalla y se iba hacer cualquier otra cosa. En la última clase dejé una fotografía de fondo de pantalla, tomé una gran bocanada de cerveza con jugo de naranja, levanté una mano al cielo, la otra a apunté a la tierra y me fui dando vueltas como un derviche en trance, así terminaron para mi las clases de psicoterapia III, actualmente lucho con el pensamiento de retirarme de esta maestría.

Si bien estos acontecimientos ahora pueden ser leídos como algo desagradable no dudo en que lo escuchado o las enseñanzas dadas pueden tener efectos posteriores y procesos de cambios psíquicos en mi vida, así mismo y si bien estas clases virtuales por lo general me parecen muy desagradables, probablemente si regresamos a las clases presenciales extrañare la virtualidad. Nada esta dicho y el futuro siempre me sorprende con algún sin sentido, podría incluso convertirme en un maestro de Yoga o reencarnar en una familia de Yoguis, aunque por el momento lo mas cercano a mi realidad seria unirme a la banda de los choneros.

  Finalmente agradezco esta tarea final de las memorias de la clase que me ha permitido una suerte de catarsis, al expresar emociones reprimidas a lo largo de estas semanas de clases.  

 

 

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